Impartir un curso (I): El formador

Hay quien cree que por tener amplios conocimientos sobre una materia está capacitado para impartir cursos. ¡Nada más lejos de la realidad! Bien es cierto que el poseer estos conocimientos ayuda enormemente, pero para poder enseñar necesitamos aprender a hacerlo.

Si nuestra intención es impartir cursos sería conveniente recibir formación al respecto. Existen una gran variedad de cursos que pueden ayudarnos: formación de formadores, estrategias formativas, diseño de acciones formativas, metodologías y tecnologías, etc.

Aún recibiendo esta formación, siempre resulta difícil seguir las instrucciones al tiempo que se imparte el curso, ya que generalmente estamos concentrados en la materia y nos olvidamos de nuestro comportamiento.

Refiriéndonos al papel del formador, existen tres pautas fundamentales:

roles de formacion

El conocimiento sobre la materia a impartir es fundamentalmente importante, si un tema no se “controla” seremos “pillados” en cuanto tengamos que resolver una duda o dar un giro inesperado a nuestros contenidos.

En cuanto a las habilidades, debemos utilizar los recursos que tengamos a nuestro alcance como apoyo a nuestras explicaciones: ordenadores, cañón, pizarra, papelógrafo, pizarra interactiva, etc.

Pro en este caso, nos centraremos en la actitud del formador. Éste debe seguir unas pautas para captar la atención de los alumnos y aumentar su motivación. Aquí tenemos algunas de ellas:

¿Qué debemos hacer?

  • Prepararlo todo antes de empezar.
  • Dejar claro el objetivo del curso y de la sesión.
  • Fomentar la participación de los alumnos.
  • Revisar y cumplir la planificación de la sesión.
  • Animar a los alumnos a preguntar.
  • Realizar una apertura y un cierre en la sesión.
  • Dirigirse hacia las necesidades de los participantes.
  • Fomentar el trabajo en equipo.
  • Utilizar ayudas visuales y técnicas de aprendizaje variadas.
  • Inspeccionar el aula con antelación.
  • Vestir adecuadamente: no utilizar objetos llamativos como pulseras, pendientes, etc que desvíe la atención de los alumnos.
  • Evaluar a los alumnos: es importante valorar su aprendizaje y observar su lenguaje “no verbal”.

¿Qué no debemos hacer?

  • No empezar tarde. Ajustarse siempre a los tiempos establecidos.
  • No perder la paciencia.
  • No recriminar a los participantes, evitar que puedan sentirse avergonzados.
  • No inventar.
  • No permanecer inmóvil imitando a una estatua.
  • No dejar que los debates vayan a la deriva.
  • No saturar a los participantes con información.
  • Evitar ser repetitivo.
  • No encasillarse.
  • No rehusar las ayudas.
  • No mirar exclusivamente a los medios.
  • No dar la espalda al grupo.
  • No “escanear” al grupo demasiado rápida y frecuentemente.
  • No poner demasiada distancia con el grupo.
  • No mirar el reloj mientras los demás están hablando.

¿Cómo mejorar?

  • Controlando nuestros instintos: mucho cuidado con los “tics”.
  • Utilizando pausas o incorporando prácticas que permitan un descanso en la materia.
  • Alentando al interlocutor.
  • Evitando elementos o acciones de distracción.
  • Resumiendo siempre los contenidos impartidos.
  • Formulando preguntas que los participantes puedan responder.
  • Dar ejemplo de actitud positiva.

Recordar que todos los consejos que se puedan recoger son buenos y que, aunque seamos los formadores, siempre aprendemos algo nuevo en cada curso que impartimos.

Para terminar, os remito esta frase: “Oigo y olvido, veo y recuerdo, hago y entiendo”.

formador

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